o la excelencia del dibujo

25 septiembre 2006

Monologo dialogante con el cuerpo

Volvemos a estar frente a los cuerpos deseantes de Mayobanex Vargas, frente a sus opacidades insinuantes y su erotismo surreal. Volvemos a estar frente a unos trazos dibujísticos cuya sobriedad gestual está atravesada por el misterio. La sensación de extrañeza que en otras exposiciones parecía venir de la topografía del dibujo, pero que ahora emana de la gramática misma de los cuerpo, de sus ángulos y posturas, nos produce ese sentido de continuidad de las formas referido por los Gestaltistas.

En esta nueva muestra Mayobanex Vargas nos coloca frente a la cuestión del erotismo como opacidad y ocultamiento casi develado que, ha manera de metáfora representada por el delgado hilo de la mariposa tejedora o las ilusiones perceptivas de los pliegues, sirve de sostén al misterio que se hace añicos con la presencia abierta de un seno, un ojo que mira desde el centro del deseo y una flor que se abre más abajo –entre las piernas- mientras el colibrí-espectador amenaza con libar sus jugos. (“planos de la duda”)*.

En esta ocasión, la sintaxis de la imagen -la reiterada presencia de la mariposa tejedora, que se lee como retorno de lo reprimido o presencia obsesiva de la cosa asida al misterio- sostiene la estructura sintagmática representada en la postura, la perspectiva, la angulosidad de los cuerpos que nos habla e insinúa el gesto, variaciones que tensan la plasticidad. El problema del ángulo como acomodación de la visualidad, aparece ya en Gustav Klint. El beso obliga al espectador a buscar sus detalles, la boca de los amantes, el nudo de la pasión y los contornos que separan a los cuerpo, girando la cabeza en noventa grados. Dado a ver así, el cuerpo convierte el ver en una acción, como dice Müller refiriéndose al cine de Kubrick.

En esta misma dirección apuntan los nuevos cuerpos de Mayobanex. El artista ha buscado la perspectiva difícil, la toma en corto en algunos casos, la contrapicada en otros, para darnos a ver, obligándonos a participar en un movimiento expresivo, el cuerpo como espacio abierto a los sentidos posibles del movimiento. Como ejemplos, los dibujos “el punto del no-retorno y “mujer de arena”.*

En el estudio de Miguel Ángel para el torso de Adàn, el maestro impregna la gestualidad y el vigor propios de la dibujìstica clásica que tiende a una aproximación al canon, pero además, en el cuerpo que reposa hay un ímpetu, un intento de incorporación que fija la mirada esperando el momento del movimiento. En el jardín de cuerpos que Mayobanex Vargas diseña, ese mismo ímpetu aparece en “encantadora de mariposas” y “atavíos de sueño”, mientras que “a través del espejo” y “el recurso de esconder la sombra”* reposan en una quietud mística o tanásica. Esto como contrapunto de las posturas que son la complicidad del ojo en la búsqueda de eso erótico y poético que flota en la atmósfera.

El fantasma está evocado en el ausente que maneja los hilos, limita el vuelo de las mariposas y envuelve los cuerpos. Cifra y expresión de la presencia contenida del propio autor, de su otro: presencia absoluta; es la búsqueda de la perfección que obsesivamente persigue y se escapa entre estos cuerpos. El artista situado en un momento previo a la creación percibe el mundo donde el punto de fuga del cual parte el texto dibujístico no es sin embargo un punto único fijo ni predeterminado.

No aparecen en esta propuesta el entrelazamiento entre el fondo y la figura, los paisajes metafísicos al estilo de Chirico que apuntalaban la estructura corporal en exposiciones anteriores de Mayobanex. En esta ocasión la visión queda atrapada por los primerísimos planos que los colores ponen en nuestros ojos -el vuelo policromático de mariposas y avecillas- ante la serenidad contrastada del blanco y negro.


El misterio dibujado es siempre una aparición que nos hace participar de la percepción de que algo va a completarse en el esfumado. El cuerpo es misterio que va más allá de la representación. Asistimos a la obsesiva perfección del contorno más allá de la razón, un hiperreal campo donde el deseo se desplaza o proyecta a unas manos juntas en actitud de oración, un instante antes de entreabrir unas piernas (“destino manifiesto”)*. Momento expectante, Boyeur.

Yendo más allá del significado, estos cuerpos se hunden en la búsqueda del significante puro. Búsqueda imposible pero seductora siempre. El cuerpo es exterioridad y en ese sentido todo cuerpo es un objeto de arte, objeto perdido en tanto el deseo de poseerlo, hacerlo propio es imposible. La otredad es crucial –parafraseando a Silvester-, el cuerpo se nos presenta cerrado y oscuro, imposible de ser explorado sin morir en el intento.

Estos dibujos en toda su materialidad se presentan como volúmenes, luces y formas extraídos de la oscuridad, pero ellos mismos son la negrura. Aquello que permanece fuera, que sólo puede ser accedido por la reinvención perceptiva del espectador y la intervención de la mano del artista creador del misterio que separa la obra de arte del discurrir de lo real.

Como decía el maestro Jacques Lacan, la obra de arte siempre envuelve y circunda la Cosa, eso con mayúscula que no se nombra, cubierto en esta ocasión por la profunda y traslúcida piel: superficie de los cuerpos de Mayobanex Vargas.

*títulos de algunos dibujos de la muestra
- César Zapata

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