o la excelencia del dibujo

29 septiembre 2006

Mayobanex Vargas: pintor de símbolos.

1. El caracol y el colibrí.-

Canto a la piel, piel cantada, canto de piel: podrían devenir en apuestas de lecturas, desprendidas del universo visual fundado por Mayobanex Vargas, en su más reciente exposición, “Piel-al-canto” (2001). En ella hay, como se ve, un canto a la piel, en el que ésta canta al cuerpo erótico, pero también al cuerpo en éxtasis. El cuerpo femenino es aquí la morada de la ensoñación desrostrizada, que oculta el sueño en una ilusión encantada. Como nos dice Octavio Aparicio, en su libro El desnudo femenino en la pintura, que ”el desnudo femenino es símbolo de ostentación, de riqueza, de lujo”.

La obra de Mayobanex Vargas está dirigida a la reflexión antes que a la emoción. ¿Filósofo o poeta? Sus imágenes visuales espantan y asombran, al trocarse en símbolos fantásticos. De ahí que para él el arte es símbolo del sentimiento. Sus figuraciones estallan en las sombras de los esfuminados, del modo en que los signos se deslizan en las líneas, al matrimoniarse con la luz. Entre las figuras simbólicas y el cuerpo de la composición, se produce una yuxtaposición y un contraste, cuyo eje de relaciones crea una metáfora, en el universo de cada representación visual.

La obra plástica que Mayobanex Vargas funda pendula entre un hiperrealismo surrealista,--de la estirpe de René Magritte-- y un simbolismo fantástico. Así pues, explota el sueño como supremo recurso de la abstracción, por un lado y, por otro, bucea en el erotismo, tras la búsqueda de la belleza del cuerpo dormido, en un éxtasis que participa menos del sexo que del mundo onírico. El culto al desnudo –tan orillado por el surrealismo—asume en él un pulso clásico (griego o renacentista), por varias razones: por la depuración de los trazos, por la pureza de los contornos, por el dominio de la luz y la sombra y por la maestría de las líneas. Su dominio de la anatomía artística, de la simetría y de las proporciones del cuerpo, son admirables. Son cuerpos que parecen esculturas, dibujos que semejan estatuas dormidas: un Rodin de las líneas y las formas dibujísticas.

En nuestro artista visual, el realismo asume la presencia del simbolismo, alejándose del fotorrealismo chato y de la decoración cursi. Su obra no viene del sueño sino de la inspiración visual. Dice Jacques Meuris, a propósito de René Magritte: “para el pintor, la vida en estado de vigilia es la traducción del sueño, al igual que el sueño es la traducción de la vida en estado de vigilia”. Y esto es válido para Mayobanex Vargas.

Alegoría de la soledad existencial, en “Piel-al-canto”, nuestro artista dibuja no el movimiento, sino lo estático, el reposo espacial: objetos detenidos en su forma y en su sombra. Los sujetos (mujeres dormidas) no son dibujados por sus acciones, sino por lo que sueñan y piensan. Composiciones sombrías, en claroscuro, en contrastes con el color de seres vivientes (colibrí, pez, mariposa), que dan vida a los cuerpos representados.

La mudez de los cuerpos femeninos desnudos, evoca la angustia, la duda, la incertidumbre de la incomunicación. Este artista aporta en sus obras un lirismo sórdido, una visión poética que reside en su atmósfera compositiva. Los objetos reales, en un espacio surreal y en situaciones inverosímiles, postulan un sentido de asombro a sus cuadros.

Efecto del objeto dentro del cuadro –flotante, suspendido, en reposo o movimiento--, Mayobanex funda un decorado simbólico que corresponde a una técnica metafórica. Ambigüedad e ironía se conjugan para darnos una metonimia, cuya transferencia de sentidos, nos sorprenden y, en ocasiones, nos hacen reír con los dientes apretados.

El cuerpo, con sus fetiches y talismanes, decora la escena narrativa, en una suerte de acertijo ilusorio-real. Los desnudos de Vargas, de esencia menos erótica que onírica, se mueven en unos recintos cerrados, nunca en cielo abierto. No hay paisajes abiertos sino habitaciones cerradas, en las que, por una ventana, entra la luz exterior. El aire parece enrarecido y pálido, en un reino imaginario y fantástico, donde convergen el sexo y la muerte, el sueño y la vida, la soledad y la pesadilla, el tedio y el vacío. Y dos obsesiones: el mar y el espacio. La idea del vuelo (mariposa o abeja) y la de nadar (pez). Asimismo, la evocación de los olores en frutas y animales comestibles (melón o pez).

2. El hilo de Ariadna.-

Estos cuadros en blanco y negro cuentan, como todo cuadro surrealista, una historia. En ellos hay una narración visual a partir de una idea o de una visión simbólica de la realidad. Mayobanex crea enigmas absurdos que provienen de alguna imagen real. Sus obras semejan rompecabezas visuales, juegos simbólicos que cuestionan y ponen en crisis el mundo visible. Sus temas evocan presencias inconscientes, que deslumbran y desconciertan al espectador y su percepción cotidiana.

En nuestro artista, el dibujo y la poesía entran en maridaje y se hacen transparentes, confundiéndose en la mirada y la palabra. Sus mecanismos visuales crean una percepción mágico-poética de la representación cotidiana. En cada una de sus composiciones dibujísticas hay una interacción entre las líneas y la poesía, el objeto y la idea, la magia y la reflexión, la visión y la percepción.

Creador de espacios enigmáticos, de vacíos luminosos y de abismos ilusorios, este artista logra, con una insólita maestría en su pulso dibujístico, una serie de composiciones deudoras de la mejor tradición magritteana. En obras como “Realidades paralelas”, dibuja un colibrí que sobrevuela sobre el cuerpo de una mujer quien se coloca las manos sobre su cabeza, mientras un hilo sostiene una anémona color rosa. En “Misterios de la pasión”: una flor y un ají cortado son sostenidos por un hilo, en tanto que en “Ficciones”, una mujer desnuda oculta su sexo con sus piernas, al tiempo que una abeja y un caracol contemplan un acto de levitación. Asimismo, en “Oscuro desacierto”, una mujer se cubre los senos con sus brazos entrecruzados, en tanto una mariposa es sostenida por un hilo, frente a una ventana circular (y su sombra), y un pez dorado que también es sostenido por el mismo hilo. En tanto que en el cuadro “Vértigo de sombra”, sobre una mujer desnuda hay un caracol que pende de un hilo. En “Cazador de sombras”, la mujer, con sus brazos en la cintura, tiene una mariposa sostenida por un hilo, en tanto una cajita de cartón flota desde una ventana. “Encantadora de mariposas”, es el título de un cuadro donde aparece una mujer ocultando el rostro dentro de un cuerno, mientras tres hilos sostienen dos mariposas y un pez. Otra obra es “Semilla de tiempo”, en la que aparece una mujer desnuda, y sobre ella, una cajita de cartón cerca de su ombligo y otra cajita en cuyo interior hay una semilla ( de ahí el título del cuadro); aparece además un melón cortado sostenido por un hilo que semeja el sexo de la mujer. Finalmente, en “Vida pequeña”, hay un fondo blanco y sobre él, un colibrí explora y huele un caracol que pende del espacio.

Como se ve, en todos estos cuadros hay un elemento simbólico y emblemático: el hilo. Este signo, parece evocar el “hilo de Ariadna”, la divinidad griega hija de Minos y de Parsifae, quien condujo “por medio de un hilo”, a Teseo para que éste matara al Minotauro en un intrincado Laberinto. Está asimismo, el emblema de la mujer sobre cuya imagen giran insectos (abeja, mariposa, caracol). Zoología fantástica que evoca un bestiario visual, que participa en tanto símbolo mítico, esotérico o metafísico.

En este bestiario fantástico-visual, el “caracol” actúa como símbolo de la lentitud y acaso de la resurrección; otro animal es la “mariposa”, quien sugiere la metamorfosis y la belleza de su colorido: simboliza lo efímero de la alegría. Maravilla de la transformación: de oruga a larva y de larva a mariposa. Es la esperanza para el hombre de ascender de la tierra a las alturas. La mariposa en griego significa, “animal del alma” (psyché). Las figuras oníricas se suelen representar con las alas de las mariposas. También a Hypnos o dios del sueño. Dios infundió alas de mariposas a Adán en el paraíso de la creación, según se lee en las “sagradas escrituras”. Otro símbolo de esta exposición es el “colibrí”, a quien se le considera “el autor del calor solar. Entre los aztecas, las almas de los guerreros muertos volvían a la tierra en forma de colibrí”, según refiere Jean Chevalier en su Diccionario de símbolos. En tanto que los “peces”, para la psicología profunda, es símbolo del inconsciente: representa la personificación de la fertilidad y la energía dadora de vida de los “ mundos femeninos”. Al ser de “sangre fría”, no es dominado por las pasiones y se vuelve objeto de comida y de sacrificios sagrados. En la simbología astrológica del zodíaco, representa a piscis, último signo de la “era cósmica”, creado por la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno. El pez junto al pan es símbolo de eucaristía, en la cristiandad. Para el imaginario cristiano, el pez sobrevivió al diluvio, pues la maldición de Dios no lo alcanzó. Se cree que San Antonio de Padua, predicaba a los peces, refiere Hans Biedermann, en su Diccionario de símbolos. Pez y agua: metáforas de las alegrías sexuales. Para el psicoanálisis, el pez es símbolo onírico, una “imagen disimulada del pene”. En la antigüedad, eran considerados como “unisexuales”. Asimismo, la “abeja” (otro animal simbólico de estos cuadros) es símbolo de joven enamorado que revolotea sobre las muchachas. En occidente, se le denomina “pájaro de Dios” o “pájaro de María” (símbolo del alma). La abeja en el sueño es símbolo de la muerte cercana, como se dice en nuestra tradición cultural. La abeja no tiene sexo: es de género epiceno. Por su sentido artístico, se le llamaba “pájaro de las musas”. Es símbolo además de la resurrección, por su descanso invernal. Por vivir del olor de las flores, es símbolo de la pureza y la continencia.

En esta serie de cuadros de esta exposición, “Piel-al-canto”, Mayobanex Vargas articula su discurso plástico a partir de una simbología animal. De ahí que aparezcan en sus composiciones dibujísticas, esta suerte de zoología simbólica decorando cuerpos femeninos desnudos, en estado de ensoñación. Anatomía femenina y zoología fantástica. Cuerpo de mujer que dialoga con animales, que aluden a cierta relación erótica zoofílica, de carácter mítico y fantástico. Basta recordar a “Leda y el cisne”, de Leonardo Vinci y a “La fábula de Leda”, de Correggio. En ambas pinturas la figura del cisne aparece como símbolo idílico de la pureza amatoria. Y en estos cuadros de Mayobanex Vargas, hay una simbología que nos remite a una mitología antigua y ancestral, de la cultura occidental greco-latina, a una zoología mítica.
-Basilio Belliard

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